16 de agosto de 2026 | The Wright Brothers News

Tres estudiantes universitarios.
Uno de Japón.
Uno de China.
Uno de Corea del Sur.
No se conocen.
No hablan la misma lengua materna.
Han crecido en sistemas educativos diferentes.
Sus culturas son distintas.
Incluso su manera de expresar un desacuerdo, tomar una decisión o entender el liderazgo puede ser completamente diferente.
Entonces reciben una instrucción muy sencilla:
«A partir de ahora, sois un equipo».
Durante aproximadamente una semana tendrán que vivir, pensar y trabajar juntos.
La lengua común será el inglés.
Tendrán que crear un plan de negocio.
Defenderlo.
Mejorarlo.
Discutir.
Equivocarse.
Volver a empezar.
Y finalmente competir contra otros equipos.
Esto es el International Business Contest — IBC.
Del 19 al 25 de agosto de 2026, Tokio será el escenario de IBC 2026, organizado por la asociación estudiantil OVAL JAPAN.
Su nombre resume una ambición que va mucho más allá de una competición universitaria:
Our Vision for Asian Leadership.
Una visión para formar a la próxima generación de líderes de Asia.
Pero desde España y el mundo hispanohablante surge una pregunta interesante:
¿Qué puede enseñarnos una competición entre jóvenes japoneses, chinos y surcoreanos?
Mucho más de lo que parece.
Para un estudiante español: imaginemos Erasmus, una competición de emprendimiento y una semana intensiva de startup, todo al mismo tiempo
En España conocemos bien la movilidad universitaria.
Erasmus forma parte de la cultura de varias generaciones de estudiantes europeos.
También conocemos:
hackathons,
concursos de emprendimiento,
business cases,
programas de incubación,
Junior Enterprises,
clubs universitarios,
startups,
pitch competitions,
y proyectos internacionales.
Por eso, IBC no resulta completamente extraño.
Pero introduce una condición que cambia radicalmente la experiencia.
El equipo está formado por:
un estudiante japonés,
un estudiante chino,
un estudiante surcoreano.
Tres nacionalidades.
Tres culturas.
Una sola presentación.
Y un solo resultado.
No es simplemente Erasmus en Tokio
En Erasmus puedes conocer personas de muchos países.
Puedes compartir piso.
Salir.
Viajar.
Aprender idiomas.
Hacer amigos.
Todo eso tiene un enorme valor.
Pero IBC añade algo más incómodo:
hay que producir un resultado juntos.
Y además hay competición.
Un jurado evaluará el proyecto.
Habrá equipos mejores y peores.
Habrá ganadores.
Por tanto, no basta con llevarse bien.
En algún momento alguien tendrá que decir:
«No estoy de acuerdo contigo».
Y ahí comienza la verdadera experiencia intercultural.
Imaginemos que son las dos de la madrugada
La presentación es al día siguiente.
El equipo está agotado.
El estudiante japonés quiere cambiar el mercado objetivo.
La estudiante china considera que el modelo de negocio es demasiado conservador.
El estudiante coreano quiere rehacer completamente el pitch.
Quedan pocas horas.
Todos creen tener razón.
¿Qué hacen?
No existe una respuesta en el libro.
No viene un profesor a resolverlo.
Tienen que decidir ellos.
Y tienen que hacerlo en inglés.
No el inglés de un examen.
El inglés necesario para decir:
«Tu argumento no me convence».
«Explícame por qué».
«Creo que estás equivocado».
«Tenías razón».
«Mi propuesta no funciona».
«Volvamos a empezar».
Ese inglés ya no es una asignatura.
Es una herramienta de liderazgo.
En España sabemos que discutir no significa necesariamente romper una relación
Hay algo de la cultura española que puede hacer que esta historia resulte especialmente comprensible.
Nos gusta hablar.
Argumentar.
Debatir.
Defender una opinión.
Una conversación española puede parecer intensa para alguien procedente de una cultura donde la comunicación es más contenida.
Y ahí aparece una de las grandes lecciones de IBC.
Lo que para una cultura es una discusión normal, para otra puede parecer un conflicto serio.
Y al revés.
Un silencio japonés puede ser interpretado por un español como falta de opinión.
Pero quizá esa persona está reflexionando.
Una respuesta muy directa puede parecer agresiva para otra cultura.
Pero quizá quien la pronuncia simplemente está intentando ser eficiente.
Trabajar internacionalmente exige aprender a distinguir entre:
personalidad
y
cultura.
España ya conoce el poder de convertir antiguos desconocidos en compañeros
Hay una razón por la que Erasmus merece aparecer en esta historia.
Europa aprendió algo importante:
las relaciones entre países no se construyen únicamente mediante gobiernos.
También se construyen cuando un español vive con un alemán.
Cuando una italiana estudia con un portugués.
Cuando un francés trabaja con una polaca.
Cuando personas que crecieron escuchando historias diferentes sobre Europa terminan compartiendo una cocina universitaria.
IBC utiliza una intuición parecida en Asia Oriental.
Pero la lleva al terreno de la competición empresarial.
Asia Oriental no es un bloque homogéneo
Desde España podemos caer fácilmente en una simplificación.
«Asia».
O incluso:
«Asia Oriental».
Pero Japón, China y Corea del Sur son sociedades profundamente diferentes.
Tienen:
lenguas diferentes,
historias diferentes,
sistemas políticos diferentes,
culturas empresariales diferentes,
modelos educativos diferentes,
y diferentes formas de comunicarse.
También existen entre ellas rivalidades económicas y sensibilidades históricas.
Por eso reunir a sus jóvenes en un mismo equipo tiene un significado especial.
China no está allí como invitada: está allí como potencia de talento
Este punto merece especial atención.
En el entorno de OVAL han participado estudiantes procedentes de instituciones chinas del máximo nivel, entre ellas:
Peking University
y
Tsinghua University.
Para un lector español conviene entender lo que significa.
No hablamos simplemente de estudiantes enviados para representar a China en una actividad cultural.
Hablamos de jóvenes formados en algunas de las instituciones académicas más prestigiosas y competitivas de Asia.
China ha desarrollado durante las últimas décadas una enorme base de:
ingenieros,
investigadores,
emprendedores,
programadores,
científicos,
directivos,
y estudiantes altamente competitivos.
Eso se refleja también en sectores donde China ha alcanzado una enorme capacidad:
vehículos eléctricos,
baterías,
inteligencia artificial,
telecomunicaciones,
drones,
comercio electrónico,
manufactura avanzada,
energías renovables.
Por eso, para un estudiante japonés, trabajar con un estudiante chino de alto nivel no es «conocer otra cultura».
También significa:
encontrarse con alguien que puede ser extraordinariamente bueno.
Y reconocer la capacidad del otro es una de las formas más sinceras de respeto.
Corea del Sur tampoco es un actor secundario
En la competición participan también estudiantes surcoreanos, incluidos jóvenes procedentes de universidades de referencia como Seoul National University.
Corea del Sur es un país que España conoce cada vez mejor.
Samsung.
Hyundai.
Kia.
Semiconductores.
Tecnología.
K-pop.
Cine.
Series.
Pero detrás de esa presencia global existe también una sociedad altamente competitiva y un sistema educativo exigente.
IBC coloca ese talento coreano en la misma mesa que el japonés y el chino.
Así aparece un triángulo:
Japón — China — Corea del Sur.
No un simple diálogo bilateral.
Y España debería observar este triángulo con atención
Porque las empresas españolas necesitan comprender cada vez mejor Asia.
Moda.
Turismo.
Alimentación.
Energías renovables.
Infraestructuras.
Automoción.
Tecnología.
Banca.
Fútbol.
Industria.
Las empresas españolas internacionalizadas trabajan con mercados y socios de todo el planeta.
Y un joven español que hoy estudia en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao o Málaga puede terminar trabajando mañana con equipos de:
Tokio,
Shanghái,
Pekín,
Seúl,
Singapur,
Ciudad de México,
Bogotá,
Miami,
São Paulo,
o Dubái.
La competencia intercultural ya no es una habilidad exótica.
Es una habilidad profesional.
Para América Latina, esta historia quizá sea todavía más relevante
El español no pertenece solamente a España.
Pertenece a un enorme espacio cultural que conecta Europa y América.
México.
Colombia.
Argentina.
Chile.
Perú.
Ecuador.
Uruguay.
Costa Rica.
Panamá.
República Dominicana.
Y muchos otros países.
En América Latina, la relación económica con Asia ha crecido enormemente.
China es ya un socio comercial fundamental para numerosos países latinoamericanos.
Japón mantiene vínculos históricos, empresariales y humanos muy profundos con la región.
Y Corea del Sur ha aumentado su presencia económica, tecnológica y cultural.
Por eso los jóvenes latinoamericanos también deberían observar qué está ocurriendo entre los jóvenes de Asia Oriental.
México, por ejemplo, entiende perfectamente lo que significa vivir entre diferentes mundos económicos
México está profundamente conectado con Estados Unidos.
Pero al mismo tiempo recibe inversión y tecnología de:
Japón,
China,
Corea del Sur,
Europa,
y otras regiones.
Un futuro directivo mexicano puede encontrarse trabajando con una empresa japonesa de automoción, un proveedor coreano y una cadena de suministro vinculada a China, mientras vende finalmente al mercado norteamericano.
Eso ya no es ciencia ficción.
Es economía global.
En ese mundo, saber interpretar culturas diferentes es una ventaja competitiva.
América Latina también puede enseñar algo a Asia: la relación humana importa
En muchas culturas latinoamericanas, los negocios no son únicamente números.
La confianza personal importa.
La conversación importa.
Comer juntos importa.
Conocer a la persona importa.
Las relaciones importan.
Japón también concede enorme importancia a la construcción de confianza, aunque la forma de expresarla pueda ser diferente.
Por eso existen más puntos de conexión cultural entre Asia y América Latina de los que a veces imaginamos.
La diversidad no consiste en poner tres banderas sobre una mesa
Esta es probablemente una de las lecciones más importantes.
Imaginemos una fotografía.
Un japonés.
Una china.
Un coreano.
Tres banderas.
Todos sonríen.
Parece diversidad.
Pero todavía no sabemos si existe verdadera diversidad.
La prueba llega cuando deben decidir algo.
Si siempre manda una sola persona, únicamente tenemos tres pasaportes en la habitación.
La diversidad empieza a crear valor cuando:
el estudiante chino detecta una oportunidad de mercado que los demás no habían visto;
el japonés descubre un riesgo operativo;
el coreano entiende un comportamiento del consumidor que cambia la estrategia.
Entonces el proyecto mejora porque son diferentes.
La diversidad es fácil hasta que alguien rechaza tu mejor idea
Ayer, The Wright Brothers News hablaba sobre la importancia de la diversidad.
IBC muestra el siguiente nivel.
La diversidad es hermosa cuando todos sonríen.
Pero ¿qué ocurre cuando alguien dice:
«Tu idea no sirve»?
¿Te enfadas?
¿Dejas de escuchar?
¿Intentas imponer tu autoridad?
¿O preguntas:
«¿Por qué?»
Ese «¿por qué?» puede ser mucho más importante que cualquier discurso sobre diversidad.
En el mundo hispano tenemos una palabra fundamental: convivencia
Convivir.
No significa simplemente existir en el mismo lugar.
Significa vivir con otros.
Compartir espacios.
Aceptar que existen diferencias.
Negociar límites.
Resolver conflictos.
Continuar juntos.
España conoce muy bien la complejidad de la convivencia entre diferentes identidades regionales, lenguas, costumbres y formas de entender la sociedad.
América Latina también contiene una extraordinaria diversidad cultural.
Por eso la idea central de IBC puede expresarse en una palabra muy nuestra:
convivencia.
Pero convivir no significa estar siempre de acuerdo
Este matiz es fundamental.
La cooperación internacional no debería buscar personas idénticas.
Un japonés no necesita convertirse en chino.
Un chino no necesita convertirse en coreano.
Un coreano no necesita convertirse en japonés.
El objetivo debería ser llegar a poder decir:
«Sigo sin estar de acuerdo contigo, pero ahora entiendo por qué piensas así».
Esa frase representa un nivel de respeto mucho más profundo que una sonrisa diplomática.
Culture Study: comprender antes de juzgar
IBC incluye momentos de Culture Study para que los participantes conozcan mejor las culturas de Japón, China y Corea del Sur.
Puede parecer algo secundario.
No lo es.
Porque muchas discusiones internacionales nacen de una interpretación equivocada.
Alguien guarda silencio.
Pensamos:
«No tiene iniciativa».
Quizá está mostrando respeto.
Alguien habla de manera muy directa.
Pensamos:
«Es agresivo».
Quizá simplemente está acostumbrado a otra forma de comunicación.
Alguien tarda mucho en decidir.
Pensamos:
«Es lento».
Quizá está intentando construir consenso antes de avanzar.
Un líder internacional necesita aprender una pregunta esencial:
«¿Estoy juzgando a esta persona o estoy juzgando su cultura utilizando únicamente mis propias reglas?»
OVAL JAPAN está dirigida por los propios estudiantes
Este punto merece atención especial.
OVAL JAPAN no es una consultora que organiza una experiencia para universitarios.
Los propios estudiantes asumen buena parte de la responsabilidad.
Participan jóvenes de universidades japonesas como:
University of Tokyo,
Waseda University,
Keio University,
Sophia University,
entre otras.
Ellos tienen que:
planificar,
coordinar,
comunicarse con China y Corea,
gestionar programas,
buscar apoyos,
resolver problemas,
y transmitir después la organización a la siguiente generación.
Es decir:
OVAL no solamente habla de liderazgo.
Obliga a practicarlo.
Esto resulta muy familiar para quien haya organizado algo en una universidad española o latinoamericana
Desde fuera puede parecer:
«una actividad de estudiantes».
Desde dentro significa:
presupuesto,
patrocinadores,
correos,
espacios,
horarios,
personas,
problemas,
responsabilidad,
crisis de última hora.
Quien alguna vez ha organizado un congreso, una asociación universitaria, una competición o un evento sabe que el aprendizaje puede ser brutalmente real.
Ahí también se forman líderes.
La pandemia nos recordó algo: una pantalla no sustituye completamente a una persona
Durante la pandemia aprendimos:
Zoom.
Teams.
Clases online.
Trabajo remoto.
Reuniones digitales.
Todo eso seguirá siendo útil.
Pero existe una diferencia.
Después de una discusión online puedes cerrar el portátil.
Cuando estás viviendo y trabajando durante una semana con la misma persona, no.
Al día siguiente vuelve a estar allí.
En el desayuno.
En la reunión.
En la presentación.
Hay que continuar.
Esa incomodidad también educa.
En 2025, la competición pasó por Shanghái. En 2026, vuelve a Tokio
IBC continúa rotando por los grandes centros de Asia Oriental.
La edición anterior se celebró en Shanghái.
Ahora, en agosto de 2026, Tokio vuelve a convertirse en escenario.
Eso tiene un simbolismo interesante.
Una generación de jóvenes puede encontrarse un año en China.
Después en Japón.
Más adelante en Corea.
Las ciudades dejan de ser únicamente puntos en un mapa.
Se convierten en recuerdos compartidos.
«China», «Japón» y «Corea» son palabras demasiado grandes
Los medios necesitamos utilizar nombres de países.
Pero nadie conoce realmente a «China».
Conoce a una persona china.
Alguien que ama el fútbol.
Alguien que es excelente con Excel.
Alguien que odia hablar en público.
Alguien que tiene hambre a medianoche.
Alguien que encuentra la idea que salva toda la presentación.
Lo mismo ocurre con Japón.
Con Corea.
Con España.
Con México.
Con Argentina.
Con Colombia.
Los países son enormes.
Las relaciones empiezan entre personas.
Y eso también importa para combatir los estereotipos
Podemos leer cien artículos sobre un país.
Pero trabajar una semana con alguien de allí puede destruir diez prejuicios de golpe.
A veces para bien.
A veces descubriendo diferencias que no esperábamos.
Eso también es conocimiento.
La internacionalización real comienza cuando el otro deja de ser una categoría.
El liderazgo aparece antes que el cargo
En un equipo de tres estudiantes, ¿quién es el CEO?
Nadie.
Entonces, ¿quién lidera?
¿El que habla más?
No necesariamente.
Quizá lidera quien escucha.
Quien consigue calmar una discusión.
Quien reconoce:
«Mi idea era peor».
Quien logra que participe la persona más silenciosa.
Quien dice:
«Estamos discutiendo sobre la solución equivocada. Volvamos al problema».
El liderazgo muchas veces aparece mucho antes del título.
España necesita precisamente ese tipo de jóvenes
España tiene talento.
Universidades.
Escuelas de negocio.
Empresas internacionales.
Startups.
Creatividad.
Capacidad turística.
Industria.
Infraestructuras.
Energías renovables.
Pero competir globalmente requiere algo más.
Jóvenes capaces de trabajar con personas que no se parecen a ellos.
Personas que puedan ser:
muy españolas,
muy catalanas,
muy vascas,
muy gallegas,
muy andaluzas,
muy europeas,
y al mismo tiempo sentirse cómodas trabajando con Tokio, Pekín o Seúl.
La identidad y la apertura no tienen por qué ser enemigas.
América Latina posee exactamente el mismo potencial
Un joven mexicano no necesita dejar de ser mexicano para convertirse en líder global.
Una colombiana no necesita abandonar su identidad.
Un argentino no necesita pensar como un japonés.
Una chilena no necesita convertirse en china.
La competencia internacional no consiste en borrar la identidad.
Consiste en desarrollar la capacidad de conectar identidades diferentes.
IBC no es la única actividad de OVAL
OVAL JAPAN desarrolla también otros programas.
Entre ellos:
TIBC — Tokyo International Business Contest
y
SEP — Staff Exchange Program.
SEP reúne a miembros de OVAL de Japón, China y Corea del Sur.
Eso significa que incluso quienes organizan las competiciones tienen que enfrentarse a los mismos desafíos interculturales.
No enseñan cooperación desde fuera.
La viven.
Después de más de veinte años aparece una pregunta difícil
OVAL comenzó en Japón en 2003.
Han pasado más de dos décadas.
Ahora existe un problema interesante:
¿cómo llevar una experiencia tan intensa a muchos más estudiantes?
Una semana compartida puede cambiar a una persona.
Pero no puede incluir simultáneamente a millones.
Un vídeo puede inspirar.
Una publicación puede llegar lejos.
Pero observar una discusión no es lo mismo que tener que resolverla.
Ese será probablemente uno de los grandes retos de la siguiente etapa.
Sin embargo, cien estudiantes pueden cambiar mucho más de lo que parece
Hoy tienen veinte años.
Dentro de quince quizá sean:
fundadores,
directivos,
investigadores,
inversores,
funcionarios,
profesores,
consultores,
ingenieros.
Y alguno tendrá que tomar una decisión relacionada con Japón, China o Corea.
Quizá recuerde entonces una semana de su juventud.
Una discusión.
Una noche sin dormir.
Un compañero.
Una idea que tuvo que abandonar.
Ese recuerdo puede parecer pequeño.
Pero las relaciones internacionales también están hechas de memoria humana.
El 19 de agosto, Tokio se convertirá en un pequeño laboratorio de Asia Oriental
Los participantes de IBC no van a resolver todos los problemas entre Japón, China y Corea del Sur.
Ni deberían intentarlo.
Harán algo más pequeño.
Se sentarán juntos.
Comerán.
Trabajarán.
Discutirán.
Perderán.
Ganarán.
Se frustrarán.
Se ayudarán.
Aprenderán los nombres de los demás.
Y después volverán a casa.
Pero quizá algo habrá cambiado.
Para uno de ellos,
«China» tendrá el rostro de un antiguo compañero.
«Japón» será alguien con quien pasó una noche preparando una presentación.
«Corea» será la persona que rechazó su idea y después le ayudó a construir una mejor.
Tal vez así comienza realmente la cooperación internacional
No siempre empieza en una cumbre.
Ni con presidentes.
Ni con ministros.
Ni con un gran tratado.
A veces empieza con:
tres estudiantes,
una mesa,
tres ordenadores,
un Excel,
una presentación sin terminar,
y una pregunta:
«Bien. No estamos de acuerdo. ¿Qué hacemos ahora?»
Uno responde.
Otro lo contradice.
El tercero propone algo nuevo.
Y nadie abandona la mesa.
Es algo pequeño.
Pero todas las grandes relaciones tienen que empezar en algún lugar.

Notas de la redacción
¿Qué es OVAL JAPAN?
OVAL JAPAN es una organización estudiantil japonesa que conecta a universitarios de Japón, China y Corea del Sur mediante competiciones empresariales y programas de intercambio.
OVAL significa:
Our Vision for Asian Leadership.
¿Qué es IBC?
IBC — International Business Contest es una competición internacional en la que estudiantes japoneses, chinos y surcoreanos forman equipos multinacionales para desarrollar planes de negocio utilizando principalmente el inglés.
¿Cuándo se celebra IBC 2026?
Del 19 al 25 de agosto de 2026 en Tokio, Japón.
¿Qué universidades han estado representadas?
En el entorno de OVAL han participado estudiantes de importantes universidades de Asia Oriental, entre ellas:
Peking University,
Tsinghua University,
Seoul National University,
University of Tokyo,
Waseda University,
Keio University,
Sophia University,
entre otras.
¿Existe algo similar en España?
No existe un equivalente exactamente igual.
Sin embargo, algunos elementos pueden compararse con:
Erasmus,
Junior Enterprises,
Business Games,
case competitions,
hackathons,
programas universitarios de emprendimiento,
incubadoras,
y asociaciones estudiantiles.
La gran particularidad de OVAL es situar la colaboración entre Japón, China y Corea del Sur en el centro de su identidad.
¿Por qué debería interesar a América Latina?
Porque las relaciones económicas y tecnológicas entre América Latina y Asia son cada vez más importantes.
China tiene un peso comercial enorme en la región.
Japón mantiene relaciones históricas, empresariales y humanas con numerosos países latinoamericanos.
Corea del Sur ha incrementado su presencia tecnológica, empresarial y cultural.
Los jóvenes que hoy aprenden a trabajar entre culturas podrían convertirse en los socios comerciales, inversores, emprendedores y directivos de mañana.
¿Qué es TIBC?
TIBC — Tokyo International Business Contest es otro programa de competición empresarial relacionado con OVAL JAPAN.
¿Qué es SEP?
SEP — Staff Exchange Program reúne a miembros de OVAL de Japón, China y Corea del Sur para trabajar conjuntamente, preparar actividades y desarrollar experiencia intercultural.


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